Aumenta la prostitución y la explotación sexual

En Cochabamba, en los últimos 10 años, se ha triplicado el número de trabajadoras sexuales y la cantidad de lenocinios o clubes nocturnos, según revela en una entrevista con GENTE Cecilia Álvarez (nombre cambiado para proteger su identidad), presidenta de la Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia (OTN-B) filial Cochabamba.

Según las cifras que maneja Cecilia, antes había como 600 mujeres registradas y actualmente la OTN-B cuenta con 2.000 afiliadas y añade que existirían otras 3.000 sin registro y que trabajan por cuenta propia o en negocios clandestinos.

Sobre los lenocinios, señala que hace una década solo había nueve establecimientos legales y ahora son 25 debidamente registrados; es decir, tienen licencia de funcionamiento. En contrapartida, los locales clandestinos sumarían 150 entre lenocinios, barras americanas, casas de masajes y casas de citas.

De estos locales que operan fuera de norma, 75 intentaron organizarse en una asociación de clubes nocturnos, pero solo fueron objeto de extorciones de parte de las autoridades con la excusa de legalizarlos, por lo que abandonaron esa iniciativa. “Muchas veces estos operativos son solo excusa para sacar plata a los dueños de los locales o a las mismas trabajadoras sexuales, nos extorsionan, por eso dejamos de tratar de legalizar nuestro trabajo”, asegura el administrador de un local nocturno.

Según Cecilia, si una chica trabaja en un lenocinio cobra mínimo 50 bolivianos por cliente y hacen hasta 25 servicios sexuales por noche. Estas chicas pagan al local entre 20 o 25 bolivianos por cada cliente, lo que representa un ingreso neto de 1.000 bolivianos por noche.

Las que trabajan en clubes privados cobran entre 150 a 300 bolivianos por sus servicios sexuales y hacen hasta cinco piezas en un día o noche.

Las extranjeras cobran entre 100 a 400 dólares por hora, pero atienden solo a uno o dos clientes por noche.

Algunas trabajan de “damas de compañía”, salen con el cliente a locales en pareja, lo que significa estar con él unas tres o cuatro horas, servicio por el que cobran entre 100 a 150 dólares por hora.

INDEPENDIENTES

Las mujeres que trabajan por cuenta propia, dan a conocer sus servicios sexuales mediante anuncios en periódicos o las redes sociales y desempeñan su actividad en alojamientos, hostales o cuartos alquilados.

Las trabajadoras independientes se agrupan entre 3, 6 u 8 chicas, alquilan una casa y la convierten en casa de citas para poder trabajar, pagan entre todas el alquiler de la casa, los servicios básicos, contratan personal de limpieza y una cocinera; además de personal de apoyo (guardias de seguridad).

Este grupo de meretrices está conformado por lo general por mujeres que llegan de Santa Cruz, Beni, La Paz o de países como Colombia, Brasil, Venezuela, Ecuador o Perú.

Existe otro grupo de mujeres que ofrecen sus servicios en algunas calles de la ciudad, estas, según Álvarez, son las más vulnerables a agresiones, robos, violaciones y otros peligros. Asimismo, están expuestas a enfermedades venéreas y de transmisión sexual como el VIH-SIDA, pues no se hacen los controles preventivos rutinarios.

CARNÉ DE SANIDAD

Las trabajadoras sexuales deberían portar un carné de sanidad que tramitan en el Servicio Departamental de Salud (Sedes), el cual les permite ejercer la prostitución legalmente.

Según Patricia Choque, responsable del Programa VIH del Sedes, las trabajadoras sexuales deben renovar su carné de sanidad cada 28 días y de manera gratuita.

En el trópico se exige a las trabajadoras sexuales renovar su carné cada semana y en Quillacollo cada 15 días.

Por recomendaciones del Sedes, en los lenocinios el 80 por ciento de las trabajadoras sexuales usan preservativos. Las mujeres que acuden al Sedevir, reciben tratamiento ginecológico para detectar el VIH, herpes, hepatitis B y enfermedades de transmisión sexual ITS’s

CONTROLES

Las instituciones encargadas de controlar los lenocinios son la Intendencia Municipal, el Sedes y la Policía.

La Intendencia se ocupa de controlar la higiene, calidad de las bebidas alcohólicas, venta y consumo de bebidas a menores; además de los horarios y licencias de funcionamiento.

El Sedes realiza operativos de control de sanidad de las jóvenes y señoras para recomendarles el uso obligatorio del preservativo, los controles rutinarios que realizan busca prevenir la transmisión de enfermedades como el VIH-SIDA y otras enfermedades venéreas.

Otro tipo de control lo ejerce la Policía, que acude rutinariamente a los lenocinios para vigilar que no haya menores siendo explotadas sexualmente.

INTENDENCIA

El jefe del departamento de eventos y espectáculos públicos de la Intendencia, René Crespo, cuenta que en lo que va del año la repartición a su cargo realizó 15 operativos en lenocinios y locales nocturnos, tanto legales como ilegales.

Indica que los lenocinios ilegales proliferan, se asientan en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, pero principalmente en la zona norte.

Sin embargo, no pudo informar cuántos locales ilegales o clandestinos existe en Cochabamba, ya que constantemente cierran y reabren o cambian de lugar, evitando con ello los controles y burlando los operativos.

Según los registros de la Intendencia, en Cochabamba solo existen cinco lenocinios legalmente establecidos y otros 20 no tienen permiso de funcionamiento. Asimismo, hay ocho barras americanas con licencia y cinco ilegales.

El número de trabajadoras sexuales que tiene registradas la Intendencia llegan solamente a 100 y las que no tienen licencia a 50. Datos que no concuerdan con los que maneja la OTN-B.

CAYÓ EN LA PROSTITUCIÓN CUANDO TENÑIA DOCE AÑOS

Tengo mi hijo de 6 años, a quien mantengo, estoy concubinada hace más de un año, mi pareja me obligaba a prostituirme y me manda aquí a la curva a la fuerza, pues me golpea si no lo hago. Para no seguir sufriendo he tenido que dedicarme a esto. Me quise salir de esto, varias veces, me busqué trabajo, pero mi concubino me hizo problemas en el trabajo y mi jefe me retiró”, cuenta Jimena de 19 años.

“Jime”, como la conocen sus compañeras, se dedica a la prostitución hace siete años. Se inició en el trabajo sexual cuando apenas tenía 12 años, ella cuenta que se escapó de su casa en Santa Cruz y se vino a Cochabamba donde conoció a su pareja sentimental, quien la inició en el oficio de la prostitución.

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“Somos varias las chicas que tenemos que vender nuestro cuerpo para obtener dinero y poder pagar nuestra alimentación, ropa, y poder mantener a nuestros hijos”.

El trabajo de Jime comienza a las 19.00 y se prolonga hasta las dos de la mañana, asegura que los días que más trabaja son los fines de semana.

Cada noche atiende a una decena de hombres que contratan sus servicios sexuales por 71 bolivianos, de los que 21 paga al local donde se prostituye y el resto se queda con ella.

“Máximo los despacho en media hora; es que nuestra ganancia depende del tiempo y la cantidad de clientes que tengamos” dice.

En la curva existen hasta 40 chicas desde los 17 años hasta los 40, las personas que más acuden al local son transportistas, albañiles, comerciantes, estudiantes y profesionales de clase media.

EXPLOTACIÓN DE MENORES

En algunos de los locales admiten a adolescentes desde los 13 años, no sé cómo hacen o quién las ayuda, pero falsifican su carné de identidad para aumentarse la edad a 18 años y poder desempeñarse como trabajadoras sexuales. Esto ocurre principalmente en el trópico de Cochabamba, donde las jóvenes son obligadas a prostituirse y son explotadas.  Lamentablemente los controles policiales y de las intendencias no existe”, señala Cecilia Álvarez.

Añade que las mujeres que se dedican a la prostitución lo hacen porque quieren, por necesidad y otros factores sociales como violaciones, agresiones físicas, abandonos, fugas de sus hogares, divorcios o porque son madres solteras y deben mantener a sus hijos.

AROMA, LA AVENIDA ROSA

En Cochabamba, la prostitución en las calles se ejerce principalmente en la avenida Aroma, donde unas 30 mujeres ofrecen sus servicios desde las 20.00 hasta pasadas las 03.00 de la madrugada. Las tarifas son bajas, apenas 50 bolivianos, de los que 30 beneficia a la trabajadora sexual y 20 se entregan a los dueños de los alojamientos.

En este sitio se inician muchas inhaladoras de clefa jóvenes, que empujadas por el vicio y otras necesidades se prostituyen. Asimismo, hay mujeres de más de 50 años que continúan en el oficio porque en los lenocinios ya no encuentran trabajo. Finalmente, están las mujeres de pollera, que por ser discriminadas en locales nocturnos prefieren ejercer su trabajo individualmente.

DISCRIMINACIÓN

La discriminación y estigmatización de las trabajadoras sexuales está latente. Uno de los casos es el que se registró no hace mucho en Quillacollo, en la casa de Senet, donde con la excusa de fiscalización se expuso a las trabajadoras y se las tachó de malas personas, de ser quienes generan inseguridad o de que se estarían prestando a ser subastadas, lo que no es real, aseguran. Las trabajadoras señalan que ellas hacen un servicio social, ya que su sacrificado trabajo impide que se registren más violaciones a mujeres y niños.

NUEVA FORMA DE EXPLOTACIÓN

“Otro tipo de explotación sexual se ejerce en la ciudad de Cochabamba. A través de un cronómetro o reloj que se instala en las piezas, mediante el cual se obliga a las trabajadoras sexuales a atender a sus clientes en 15 minutos, lo que significa que deben hacer hasta 28 piezas en una sola noche, desde las 17.30 hasta las 02.30. Eso es explotación sexual”, según revela el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), Yury Tapia.

Los proxenetas reclutan principalmente a jovencitas en el interior del país, sea Oruro, Potosí, Sucre, Beni o Pando y las trasladan con engaños al Chapare para prostituirlas, dice Tapia. Las convencen con promesas de un trabajo fácil con sueldos altos, casa y comida gratis. Les mienten señalando que trabajarán de limpieza, coperas, cocineras, damas de compañía, pero tras unas semanas, las incitan a beber, drogarse y prostituirse.

VIOLADA POR SU PADRE Y ABANDONADA POR SU MADRE

Yo entré muy jovencita a trabajar en el mundo de la prostitución, apenas cuando tenía 17 años. En esa época no había tanto control de menores de edad, lo que me empujó a prostituirme fue que había sufrido una violación sexual de parte de mi padre en La Paz, motivo por el cual tuve que escapar a Cochabamba para buscar a mi madre. Cuando la encontré ella se había casado y su marido también quiso abusarme sexualmente, así que me escapé nuevamente. Me encontraba sola, sin recursos, sin qué comer, por eso me fui con una amiga que conocí y tuve que prostituirme para sobrevivir“, relata una trabajadora sexual identificada como Nahí.

Cuenta que en esa época, para ella, no fue fácil porque le hacían beber bastante, tenía que aguantar a toda clase de hombres y lo que menos le gustaba era estar con borrachos, “porque eran torpes, agresivos y abusivos. Fue una etapa muy triste en mi vida”, afirma.

En ese ambiente Nahí conoció a un cliente que se enamoró de ella, parecía entenderla y después de unos dos años se casó con él, tuvieron tres hijos, pero era muy celoso. “No me dejaba salir, no me dejaba tener amigos, me celaba mucho y no me bajaba de puta. Todo era puta arriba, puta abajo, luego comenzó a pegarme, no lo aguanté y me separé”, relata.

Al verse otra vez sola, sin trabajo y después de haber dejado la prostitución por 11 años, a sus 35 Nahí tuvo que volver al negocio, esta vez para mantener a sus tres hijos. “En este trabajo la mayoría de las chicas ha sido víctimas de violaciones sexuales y abusos físicos. Las chicas sufren de falta de cariño, eso no se encuentra en el trabajo. Aquí el trabajo es trabajo, una cumple con el cliente, pero una no se encariña nunca con él. Las chicas deciden vender su cuerpo porque quieren, pero muchas también lo hacen por necesidad para mantener a su familia o para salir adelante en la vida”.//gente