Pedro Montenegro Paz se convierte en el nuevo ‘señor’ de Palmasola

A Pedro le sobran los títulos y ahora su defensa busca frenar la extradición a Brasil

Cuando el 14 de mayo el extraditable Pedro Montenegro Paz pisó por primera vez la cárcel de Palmasola, la más poblada del país con casi 6.000 reclusos, fue ingresado a régimen abierto más conocido como PC-4. Mientras hacía su ingreso por la puerta principal, escoltado por policías, era observado con gran expectativa por internos muchos de los cuales corrían a darle la mano, le abrían paso y le daban la bienvenida.

Pedro Montenegro fue solicitado por Brasil por tráfico de cocaína con orden de detención a escala internacional del Tribunal Supremo para fines de extradición desde julio de 2015.

Finalmente, Montenegro se entregó y fue trasladado al penal tras de ser cautelado por delitos de legitimación de ganancias ilícitas ante la jueza Livia Alarcón y por falsedad ideológica y uso de instrumento falsificado ante la jueza Marianela Zalazar.

Después de asistir con sus abogados a las dos audiencias, las juezas emitieron mandamientos de detención en su contra y el extraditable tuvo que ser enviado a la cárcel en medio de una de las investigaciones más complejas que desde el 17 de abril sacudió la agenda por la infiltración del narcotráfico en las esferas de los más altos mandos policiales, de magistrados, jueces y personas particulares envueltas en negocios vinculados a Montenegro. Las revelaciones sobre la llegada de Montenegro a Palmasola tiene el respaldo de informes de inteligencia de la Policía y testimonios de agentes encargados del control en ese recinto a los que accedió EL DEBER y familiares de los mismos internos protagonistas.

Un celular de regalo
Los informes señalan que cuando el delincuente se detuvo en una de las habitaciones de un interno del Pabellón 1, no solo fue recibido, con aplausos, sino que uno de los reclusos no dudó en entregarle como regalo su teléfono celular que usaba sin importarle cómo lo obtuvo ni el costo del aparato. “El teléfono se lo entregó para congraciarse con Pedro, ganarse la confianza, ponerse a su disposición y ayudarle en todo”, dijo un allegado al familiar del recluso que le entregó su celular y que es procesado penalmente por otro caso bullado en el país.

“Mientras transcurrían los días, Pedro Montenegro cobraba más notoriedad en el recinto porque las noticias en todos los medios de comunicación tenían como centro su persona y eso no para hasta hoy”, dijo un agente de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) de la comisión que indaga el caso.

Comida para los ‘pitufos’
Otro de los informes de inteligencia señala que cada día que pasa Montenegro es más conocido y sus seguidores son más, especialmente aquellos reclusos a los que comúnmente llaman ‘pitufos’. Un policía encargado de llave de control de una de las puertas que ejerce funciones describe a los ‘pitufos’ como los internos que generalmente son olvidados por sus familiares, que no tienen recursos, que nadie se acuerda de ellos, pero que se dan al vicio. Generalmente duermen adentro de los pabellones, en los corredores y otros arrimados a las puertas de algunas habitaciones de internos que tienen posibilidades de tener más comodidades.

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Otros duermen adentro de la iglesia. “Los pitufos son una especie de soldados fieles a los amos, así eran con Oti. La diferencia es que Oti doblegó a los reclusos con violencia desde que era subregente y le costó tiempo ser el mandamás. Ahora yo creo que Pedro es el nuevo amo pero a diferencia de otros, desde su llegada, sin violencia por su fama en los medios de comunicación y por el caso en que es investigado”, dijo un agente.

El relato de otro policía que en varias oportunidades ha desempeñado funciones como encargado de llaves en el PC-4 va más allá. “En poco tiempo, Pedro Montenegro se ganó casi todo aquí adentro. Alimenta a los ‘pitufos’ cada día. Hacen cocinar en ollas grandes buena comida y les da a todos los pitufos, que son muchos, unos 200. Por eso cuando Pedro se levanta ya tiene en su pabellón gente cuidándolo. Sale de su habitación y empieza a caminar por afuera, todos le hacen como un cordón y cuando se dirige a la cancha de fútbol hasta le corean: “Pedro, Pedro, Pedro”, y le aplauden”, testimonió el policía.

La visita de su esposa e hijos
El sábado 29 de junio Pedro Montenegro por primera vez recibió la visita de su esposa y de su hija de 13 y su hijo de 10 años.

Los policías encargados de las puertas revelaron que es la primera vez que la esposa llega al recinto carcelario y visita a Pedro con sus hijos. Su hija es la que aparece posando con el auto Porsche color celeste en la acera de su casa principal en la calle Barcelona 7 del barrio Las Palmas que fue intervenida por la Policía y donde Montenegro vivió hasta cuatro días antes de un allanamiento policial.

“Pedro tiene gente que le sirve a su alrededor, le cuida y no solo que se ha ganado a los ‘pitufos’ por darle alimento sino que casi toda la población de régimen abierto que es más de 3.000 lo respeta y lo ven como a un mero mero. Hay hasta camaradas que también le dan alguna preferencia, pero el hombre hasta ahora no ha causado ningún conflicto”, reveló otro agente.

Los informes policiales y de personas allegadas señalan que Montenegro no solo que recibe visitas de familiares y amigos, como tiene derecho cualquier otro recluso, sino que gente que nada tiene que ver con él y que ingresa de visita a sus familiares, de paso acuden hasta su pabellón para saludarlo y otros solo observarlo.

En los últimos días sus abogados ingresan de manera frecuente al penal, especialmente para concretar la solicitud de procedimiento abreviado de manera voluntaria en el delito de falsedad ideológica y uso de instrumento falsificado que la Fiscalía le aceptó para una condena de seis años de cárcel.//el deber