Potosí: Niña con solo 4 años, tiene la responsabilidad cuidar más de 400 llamas en uyuni

Una niña de tan solo cuatro años de edad tiene una enorme responsabilidad cuidar más de cuatrocientas cabezas de ganado camélido, se levanta muy temprano como todos los del campo, a las 5:00 a.m. se lo preparan su desayuno y algo de comer, con una temperatura de unos – 8°C bajo cero, emprende su trabajo desde las 6:30 a.m. pasteando las llamas todo el día hasta las 17:00 p.m. camina aprox. Unos 20 a 25 km. al día junto con las llamas.

María (nombre ficticio) tiene dos hermanas. Ella es la del medio. Su madre murió y su padre rehizo su vida, pero la madrastra de las tres cayó gravemente enferma, sufre de anemia aguda, por lo que no tiene la fortaleza suficiente para desarrollar tareas que le exijan esfuerzos físicos importantes. El progenitor decidió ir a la zona intersalar para cosechar quinua, una actividad que le permitirá reunir algún dinero para enfrentar lo que queda del año.

Por esa razón, María, la más activa de las tres, debe levantarse todos los días a las cinco y media de la madrugada, cuando la temperatura es de unos ocho grados bajo cero. Para colmo de males, desde hace dos semanas sufre de diarrea. Eso no le preocupa, se sirve el desayuno y alrededor de las seis y media, cuando la luz natural alumbra la pampa interminable, se dirige al corral en el que los 400 animales pernoctaron y comienza la búsqueda de líquenes, arbustos y cualquier tipo de hierba que crece a esa altura y que forman parte de la dieta de los camélidos.

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Hasta las cinco de la tarde, a lo largo de diez horas y media de extenuante trabajo, durante las que camina de 20 a 25 kilómetros —algo así como ir desde la plaza Murillo hasta el aeropuerto internacional de El Alto y regresar— en busca de pasto. No solo ello, debe estar muy atenta, pues los depredadores de la región: pumas, zorros y cóndores están siempre hambrientos y dispuestos a atacar. Por ello, antes de encerrar en el redil a los animales, debe controlar que no falte uno solo. Solo entonces, podrá dirigirse a la vivienda en la que encontrará calor y un puñado de comida, antes de quedar profundamente dormida.

La familia es tan pobre que no sobran los alimentos y el lugar es tan seco que el agua es un líquido precioso y no alcanza para cubrir todas las necesidades para saciar la sed y el aseo personal.

La pequeña forma parte de una familia contratada por los propietarios del ganado. Se trata de profesionales que viven en Uyuni. Les pagan de 2.500 a 3.000 bolivianos por mes por cumplir esta tarea, pero debido a las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria, no pueden hacerles llegar algunos alimentos. Otros son insensibles y solo irán a sus estancias para hacer el recuento de las cabezas y pagar por el trabajo.

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David López Cayo, director de radio Uyuni Digital, tiene la posibilidad de desplazarse fuera del área urbana del municipio para hacer este tipo de reportajes, pero en esta oportunidad debió tragar sus lágrimas y Radio Uyuni Andina llevó algunos alimentos a esa familia.

Las niñas no podían creer que podrían saborear algunas golosinas como las contenidas en bolsitas de pipocas. A veces, hace falta poco para que algunas personas sean felices, aunque sea por unos instantes, pero cuando debería jugar con sus muñecas, María debe trabajar arduamente, nada menos que cuidar 400 llamas en medio de la nada.

//Uyuni Andina