Daniela nació en una patrulla gracias a dos policías que hoy son sus padrinos

Un cortaplumas en vez de bisturí, una patrulla a modo de quirófano y un subteniente nervioso en lugar de un médico armaron las circunstancias -no ideales pero suficientes- para el nacimiento de una bebé en plena cuarentena a causa de la pandemia por la Covid–19. La niña fue bautizada como Daniela, en homenaje al policía que la recibió y que hoy es su padrino.

“Me puse muy nervioso. Pensaba en que se podría complicar el parto. Quería llegar rápido al hospital, pero avanzamos como cinco cuadras y la señora empezó a gritar. Ahí nos pusimos más nerviosos. Por mi cabeza pasaron muchos pensamientos, temía perder a la bebé, temía no actuar correctamente”, relata Daniel Garabito. Recuerda la serie de sucesos del pasado 4 de abril, cuando él y su camarada Richard Bustamante ayudaron a una mujer de 19 años a dar a luz dentro de un carro patrullero en Cochabamba.

Daniel Garabito, subteniente de la Policía con varios años de servicio en la unidad Radio Patrulla 110 aún tiene presente cada detalle de ese día excepcional. Garabito y el sargento Bustamante recibieron una llamada de la central de Radio Patrulla aproximadamente a las 11:00 con la instrucción de que socorrieran a una mujer embarazada que se encontraba con dolores de parto en la zona de Villa Israel, sur de la ciudad.

En ese instante, ambos policías estaban patrullando en el centro de la Llajta. El trayecto hasta Villa Israel les demoró entre 15 y 20 minutos aproximadamente. Ubicar a la futura mamá y lograr que abordase el vehículo demandó otros 10 minutos.

Apenas habían avanzado cinco cuadras hasta llegar a inmediaciones del colegio San Antonio, por la zona de Pucara, cuando Santusa C., de 19 años, ingresó en plena labor de parto.

“Yo no pensé que ya estaba a punto de dar a luz. Siempre estamos haciendo esta clase de traslados. Me imagine que era otra señora a la que llevaríamos al hospital para el nacimiento, pero cuando llegamos la señora ya estaba mal”, dice Garabito.

Al evidenciar que la mujer no iba a resistir llegar al hospital, estacionaron el vehículo y ayudaron en el parto. “Había que tomar decisiones urgentes”.

La parte trasera del jeep policial se convirtió entonces en un quirófano improvisado. En un espacio no mayor a un metro cuadrado la mujer se recostó y el área cubierta con una malla metálica para evitar la fuga de los antisociales fue la sala de parto. Ambos policías estaban nerviosos. Por un instante no supieron cómo reaccionar.

“La señora estaba gritando. Entonces, se le rompió la fuente y el líquido amniótico me empapó. Cuando me doy cuenta ya se veía la cabecita de la bebé (…). Y nació, era mujercita; yo no sabía con qué cortar el cordón umbilical. Siempre manejamos un cortaplumas, teníamos alcohol en gel, alcohol en líquido y guantes. Desinfectamos el cortaplumas y lo corté (el cordón umbilical). Y seguía nervioso”, confiesa Garabito. Mientras sostenía en sus brazos a la recién nacida, pensó en sacarse su blusa (prenda que complementa el uniforme policial) para abrigarla, pero, felizmente, entre las pertenencias de la madre hallaron una delgada mantita de franela.

Diez minutos después llegaron al Hospital del Sur. Allí la señora y la bebé fueron atendidas por los médicos. El subteniente se quedó hasta pasado el mediodía aguardando el informe sobre la salud de ambas.

Al cabo de unos minutos, un galeno preguntó quién había asistido a Santusa en el parto. “Cuando escuché al médico pensé que lo había hecho mal, pero me felicitó. Dijo que hice lo que se tenía que hacer. En ese momento mis sentimientos cambiaron, ya no eran de nerviosismo. Me sentía feliz, bien conmigo mismo, con el deber cumplido”, explica el subteniente quien fue nombrado padrino de la niña a la que la llamaron Daniela, en honor a su partero.

Han pasado cinco meses desde el nacimiento de Danielita y hace poco Garabito fue hasta Villa Israel a la vivienda de Santusa para visitarlas, pero no las encontró. El teléfono celular que tenía de referencia está apagado. Le comentaron que la señora se fue a vivir a su pueblo en Bolívar, distante a 73 kilómetros de Cochabamba. Garabito guarda la esperanza de encontrar a su ahijada porque le interesa su salud y bienestar.

Trece días después de ese anecdótico nacimiento, el 17 de abril, otra mujer de 18 años daba a luz en el interior de un carro patrullero en el municipio de Sipe Sipe, también en plena cuarentena. La joven, que se encontraba en la plaza principal de esa población, pidió auxilio porque la aquejaban los dolores y el parto se adelantaba. Antes de que fuera trasladada a un hospital, el bebé nació en la parte trasera del vehículo policial.

El 23 de junio, en el municipio de Quillacollo, otro bebé llegaba al mundo gracias a la oportuna intervención policial. Una joven madre de 17 años dio a luz en una patrulla con la ayuda de un agente de la Unidad de Bomberos.

Según datos de la Policía Departamental de Cochabamba, al menos tres nacimientos se registraron al interior de patrullas en la cuarentena. Los bebés, felizmente, están saludables.

//Pagina Siete