Mujeres en las FFAA, un difícil paso a la modernidad

Salto: Una escuadrilla femenina minutos antes de realizar su práctica de paracaidismo en Chimoré el 24 de septiembre | APG

Premilitares, conscriptos, clases, suboficiales y oficiales mujeres en todas las fuerzas militares bolivianas es algo sin precedentes, algo propio de un nuevo siglo. Lo que en los años 80 fue considerado una especie de experimento fallido hoy demuestra que tuvo frutos. Y lo que 20 años después fue considerado, según algunas críticas, una medida demagógica parece haber roto barreras y consolidado un paso histórico.

“Mi padre era profesor de ciencias sociales y cultivaba valores nacionalistas, ponía siempre en alto a la patria –dice Verónica (nombre ficticio) una sargento instructora de las nuevas generaciones del Ejército–. Él decía que en las Fuerzas Armadas son la extensión de los bolivianos con todas sus virtudes y defectos, pero que ahí se puede guardar mejor la esencia del país. Con el paso de los años y al recordar lo que él nos contaba me venía la idea de ser militar. No lo dudé cuando supe que ya era posible postular, pese a que aún estaba en colegio”.

Bolivia ya cuenta con cientos de mujeres militares. Según datos del Ministerio de Defensa, actualmente cerca del 8,5 por ciento de los militares de carrera en pleno ejercicio, entre jefes y oficiales y clases, son féminas. Es decir, aproximadamente, hay alrededor de 120 mujeres en ese orden jerárquico. A ellas se suman alrededor de 420 cadetes de los diversos institutos de formación militar. Y desde hace dos años suman cerca de 240 damas conscriptos que realizan el servicio militar regular.

En otras palabras, jugando con la imaginación, se podría formar un batallón  exclusivamente femenino. Pero más allá, la presencia militar femenina se la advierte en el país cada vez con más frecuencia realizando prácticas de paracaidismo y otros cursos militares que son requisitos para que puedan acceder a cargos importantes dentro la institucion armada.

  • Destacadas

“Debo resaltar el valor de la mujer boliviana, estas damas están perfectamente entrenadas y capacitadas para realizar actividades de combate –declaró el Ministro de Defensa, Luis Fernando López, quien acompañó a un comando femenino de paracaidistas militares el 24 de septiembre en Chimoré–. Son un orgullo para la Patria”.

Sin duda, van desarrollando habilidades castrenses de alta exigencia. Ya hace siete años, en la Revista Mujer y Fuerzas Armadas, se destacaba la realización del primer curso Cóndor II para damas oficiales y sargentos en la conocida Escuela de Cóndores de Bolivia. Entonces, allí en Sanandita, se graduaron 119 damas. Fue el inicio de lo que se perfila en unos años más pueda derivar en la formación de satinadoras y tropas de élite bolivianas, con todas las exigencias físicas y psicológicas que ello implica.

Hace ya ocho años también empezaron a egresar las primeras aviadoras militares bolivianas. Y el país también ya cuenta con alferezas de la Armada Boliviana, incluso con seis de ellas que se especializaron en Venezuela. Hoy fungen como instructoras de las nuevas generaciones de oficiales navales del país.

Ello da a pensar que también se acercan los tiempos en que se vea a las oficiales bolivianas dirigiendo lanchas rápidas de combate, pilotando aviones caza o conduciendo blindados. De hecho, según algunos testimonios, algo de eso ya ha sucedido.

  • Cualidades

“Se sabe de una capitana, si no me equivoco de apellido López que dejó la carrera y se fue a Uruguay –comenta el analista en temas de Defensa  Samuel Montaño–. Allí fue asimilada por el Ejército y llegó a ser parte de un equipo de mujeres que conducen blindados en ese país, muy destacadas por cierto, a nivel internacional”.

Montaño se refiere uno de los temas que marcan a los debates relacionados a las fuerzas militares de esta era y sus características cada vez más mixtas: las ventajas militares que implica ser mujer. “Científicamente se ha establecido cualidades psicológicas y físicas que, en determinadas circunstancias, hacen superiores a las mujeres que a los varones: mayor sentido de honradez, más resistencia al dolor, mayor capacidad de sacrificio, por un lado; más fuerza de la cintura para abajo, por otro. Sólo para citar algunos datos. Por eso, por ejemplo, en Israel se organizan grupos exclusivos de mujeres para conducir cierto tipo de blindados”.

Parte de esas características habrían también inducido al cierre de la carrera hace 20 años. Según explica el analista, algunos jefes militares observaron con recelo a aquellas primeras cadetes y oficiales. Ello se añade a la fuerte idiosincracia machista, proverbial en una institución como las FFAA, tanto en Bolivia como en gran parte del planeta.

  • Generales y coroneles

Pese a todo, quienes superaron las adversidades de entonces y continuaron la carrera castrense hoy conforman la primera generación de generales y coroneles, una de ellas, Gladys Abasto Céspedes, coronel de la reserva activa del Ejército, celebra el valor de aquellas primeras mujeres que decidieron por convicción abrazar la carrera de las armas. Abasto fue una de las oficiales que realizó diversas especializaciones, incluidas una en EEUU y otra en Italia, lo que le permitió ocupar cargos de comando operativo y académico en unidades e institutos militares.

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“Toda desventaja de entonces para mí se convirtió en desafío –dice la coronel–. A lo largo de mi carrera me fui consolidando en base a esfuerzo, dedicación al trabajo e identificación plena con la institución. El personal militar femenino de entonces tuvo que redoblar esfuerzos para lograr el ascendiente ante los subalternos, camaradas y demostrar a sus superiores que estaban en condiciones  de cumplir la misión que se les asignaba.  Fue una carrera multifacética, con maravillosos destinos, de la que me siento orgullosa. Exisitieron situciones de discrepancia, de machismo, pero las mujeres debemos ser muy inteligentes para manejar esas situaciones. El respeto se gana día a día con mucho trabajo y ética”.

Abasto remarca su vocación y asegura que, si volviese a nacer, no dudaría en elegir la misma carrera. Un entusiasmo que en estos nuevos tiempos tanto en la conscripción como en las escuelas militares de carrera parece ser una marca: “Como ellas lo hacen de manera absolutamente voluntaria, muestran más voluntad, valor y ganas –dice la sargento Verónica–. Ponen mucho más empeño y buena actitud que muchos varones que vienen a ‘cumplir’ y en algunos casos, sin tener la aspiración que implica ser un buen soldado”.

Son los nuevos tiempos y en ellos sobra recordar que también, en cuanto a escalafón, las militares bolivianas han alcanzado, en el Ejército, casi todos los niveles de mando. De hecho, en 2016, Gina Reque Terán Gumucio se convirtió en la primera general del Ejército Boliviano. También se constituyó en la primera jefa de Estado Mayor de las FFAA. Por si fuera poco ostenta además esa condición primicial a nivel Sudamérica. Mientras que la Armada y la Fuerza Aérea ya tienen avanzando en la carrera a decenas de oficiales.

Pero es la vida militar la ciencia y el arte de la guerra. Todo lo que ella implica, como el prepararse para matar o morir, como el aprender a cultivar ese temperamento particular que significa administrar la violencia. O aprender a vivir en una cultura de constante competencia, buena y mala. Y, obviamente, esas exigencias cobran factura o toman examen a las militares nacionales.

  • Machismo  

¿Qué tanta discrimación enfrentan las militares bolivianas? “Aún hay demasiado machismo –dice Montaño–. Y eso es en casi todo el contienente. Con ello se desprecia grandes lecciones de la historia que han mostrado a mujeres con excelentes capacidades de combate o de mando. Sin embargo, aún no es difícil encontrar a varones militares que las ven como un adorno, como inferiores y sólo como una forma de aparentar modernidad. Y tampoco es muy complicado saber de casos de acoso sexual, aunque parece que han ido disminuyendo”.

Por su parte, la sargento Verónica tiene clara la situación y sus metas. “¿Acaso no hay machismo y discriminación en la iglesia, en los gremios de médicos o de ingenieros o en los partidos políticos? –pregunta–. En esos espacios, hay mujeres que se someten y hay las que se saben dar su lugar. Conozco camaradas que han sido débiles, pero también a aquellas que se han sabido dar su lugar, incluso a golpes. Y por ellas sé cómo se mejoran las cosas y que he nacido para ser militar”.

La sargento luego matiza su expresión y, tras comentar otros temas, confieza que aspira a consolidar un hogar y a tener hijos. Aspiraciones que la coronel Abasto y la general Reque Terán han cumplido sin dejar de avanzar en sus exitosas carreras. Como remarcando que son nuevos tiempos y que la disciplina y capacidad de organización les sobran.

Marcan singulares primacías. Son las primeras bolivianas que debieron asimilar los rigores de la preparación para ejercer la violencia profesionalmente y de la manera más descarnada, como todo militar. Son quienes debieron enfrentar la mirada de una sociedad sorprendida por sus decisiones y de colegas marcados por prejuicios. Cuentan entre las primeras militares profesionales bolivianas en haber participado en situaciones de combate real. Son aún pocas, aunque han empezado a sumar por cientos. Pero marcan un irreversible antes y después en la historia del país.

//Los Tiempos