Resilientes: dan alegría con el karaoke y a cambio esperan solidaridad

Un canto a la vida en estos duros días de pandemia. La silenciosa mañana de feriado en el Plan 12 de Hamacas fue interrumpida con canciones del ayer. El cantante es don Édgar Díaz, camina, micrófono en mano, mientras empuja un viejo carrito de bebé donde va un parlante (uno de los bienes más preciados de la familia en este momento). Se da formas también para llevar un bastón blanco, ese que usan las personas no videntes, porque él perdió la capacidad de ver en un accidente, hace muchos años.

A su lado, su compañera, la señora  Fernanda Álvarez, de 53 años. Es el motor de este emprendimiento que les ayuda a sobrevivir durante la pandemia. Ella es la que va de un lado a otro de la cuadra, recibiendo el aporte de los vecinos que salen a ayudar y felicitar el buen timbre de voz de Édgar.

Los días oscuros comenzaron antes de la pandemia. Los paros y movilizaciones impidieron que ella siga vendiendo ropa americana. En la desesperación, se fue a buscar trabajo a Montero con sus dos hijos que entonces tenían 10 y 12 años. Pero no le fue bien. Buscó la forma de regresar, al saber que su esposo estaba sin atención, que apenas comía pan con soda y que a veces ni siquiera se alimentaba por falta de recursos.

“Al volver estábamos en una situación que no puedo explicar. No teníamos ni sal”, dice.

“Un día vimos en la tele que en otro país había personas que salían con su música a pedir ayuda y que la gente salía y se alegraba al escucharlos. Y yo le dije: Édgar, qué hacemos, salgamos así, vos podés, vos cantás”. Tras ese primer impulso y con el motor turbo que ella tiene en el alma, salieron a pedir ayuda a la calle para conseguir las pistas de karaoke.

“Conseguimos el dinero pidiendo, haciendo de todo, yo la vendí mi garrafa y con eso conseguimos la música. Pero cuando teníamos las pistas, ya no teníamos el aparato (parlante). Otra vez pedimos colaboración, vendimos algunas otras cosas y logramos juntar los 950 bolivianos que necesitábamos. Así fue para que comencemos a salir a la calle a cantar, lo que nunca habíamos pensado”, explica esta mujer de cabello corto y canoso.

En el carrito de bebé, aparte del parlante también está una bandeja de plástico con las monedas que los vecinos les dan. Ella reconoce que el aporte es mayor como en algunos barrios residenciales, como éste en el que están. Para llegar ahí deben tomar el micro y caminar, porque viven en la Radial 19 y quinto anillo.

“Le digo a Santa Cruz que nos ayude cuando nos vean en la calle. Que no nos ignore, que un peso, 50 centavos para nosotros es harto. Es de ese peso a peso que juntamos y con eso sobrevivimos”, señala al contar que ahora están sin energía eléctrica, tratando de conseguir el dinero para reponer el servicio y para pagar el agua potable que también les van a cortar dentro de poco. Su número telefónico es 77678652.

¿Covid? Sí, lo tuvieron. Perdieron el olfato, tuvieron los síntomas más leves. Y en ese momento se prepararon vira vira, eucalipto con ajo y tomaron mate bien caliente para matar al bicho. Ellos agradecen que el virus no los golpeó tan duro como a otras personas. Pero así viven, en su recorrido saben que pueden enfermar, pero le piden a Dios que los proteja.

//El Deber

 

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