Una hermana con cáncer, un papá sin ojo y él rifa su moto por ellos

Édgar llegó a La Paz para vender las rifas y conseguir dinero para el tratamiento de su hermana. Foto: Carlos Sánchez /Página Siete.

En menos de dos años,  la familia de Édgar atravesó por una serie de adversidades. Su padre estuvo a punto de perder la vista, una de sus hermanas fue asesinada y  él se hizo cargo de sus tres sobrinos. Dos de sus hermanos migraron a Chile  para  buscar trabajo. Él casi pierde la movilidad de la mano derecha en un accidente. Y finalmente, su hermanita de entonces  14 años recibió el diagnóstico de leucemia.

A principio de año, la hermana de Édgar  comenzó a perder peso de forma abrupta. En pocas semanas bajó 27 kilos y llegó a pesar 31  kilos. Sufrió luego un decaimiento físico y  perdió por completo el ánimo.

La adolescente fue trasladada al hospital de Uncía. Ante la falta de  capacidad de diagnóstico, la hermana de Édgar  fue transferida a Oruro y luego a La Paz, donde fue atendida en el Hospital del Niño. Allí recibió el  diagnóstico de  leucemia y comenzó su tratamiento.

Las sesiones de quimioterapia ayudaron al  restablecimiento de la joven, pero poco a poco los ahorros de la familia se fueron agotando hasta que la estadía en la sede de Gobierno se volvió insostenible.

Édgar, con  22 años y siete hermanos, tomó la decisión de rifar sus pocas pertenencias para continuar con el tratamiento de su “hermanita”,  como la llama de forma cariñosa.

“Pensé en  encontrar el modo de ayudar a mi hermanita. Como nos faltan recursos económicos,  ella se estresa continuamente. Le dije que rifaría mis cosas para que no piense que nos falta algo o que estamos muy necesitados. La mejor medicina es una sonrisa y una  alegría”, dijo.

Regresó a La Paz y  comenzó a recaudar dinero. “Estoy rifando mi moto Ninja, una mezcladora, una  bomba de agua, un refrigerador, un celular y otros artículos que suman 30 premios. Todo tiene un valor de 30.000 bolivianos y con los boletos  espero recuperar lo que gasté en comprar esos objetos. Nada más”, dijo Édgar.

La meta aún es  lejana. El costo de la rifa es de  50 bolivianos y para conseguir su objetivo, deberá  vender seis talonarios de 100 boletos cada uno para alcanzar el monto mínimo. Hasta el momento sólo  terminó  uno de los talonarios.

“El sorteo debía ser este fin de semana, pero como todavía  tengo muchos talonarios me vi obligado a postergarlo por una semana más”, dijo Édgar a Página Siete.

Para que todo el proceso sea legal, Édgar contará  con  el apoyo de la Defensoría de la Niñez de Uncía. El sorteo  se realizará el siguiente 15 de octubre y será transmitido a través de las redes sociales.

“No sabemos cuánto más nos demandará el tratamiento, pero este dinero será un buen comienzo. Quisiera terminar de vender los talonarios para que mi hermanita sonría y esté feliz. Ésa es la mejor medicina”, reiteró.

El joven  decidió  vender   rifas en  La Paz porque, después de Uncía, es la ciudad que más conoce. Llegó hace más de un  año, cuando su padre de 60 años estuvo a punto de perder la vista en su trabajo como soldador. La exposición continua a la chispa lo dañó de forma irremediable.

“Estuvo a punto de perder la vista. Esto sucedió meses antes de la pandemia. Llegamos a La Paz para que sea operado y  logramos salvar uno de sus ojos. El otro lo perdió de forma definitiva. Cuando regresó, ya no  queríamos  que siga trabajando en la metalmecánica”, contó.

En la actualidad, el papá de Édgar  se dedica a la  agricultura. Tiene una plantación de papa y así la familia puede  subsistir.

Cuando su padre regresó a su casa, en la localidad de Cala Cala, uno de los hermanos de Édgar decidió ampliar un poco más su casa para que su papá pudiera estar  más cómodo. “Estábamos comenzando  el primer piso. Fue cuando  vino la pandemia y las restricciones. Ya no pudimos trabajar, nos quedamos sin dinero y la obra se paralizó”, recordó.

Poco después llegó  la tragedia. Una de sus hermanas fue asesinada por su pareja. Se vino para la familia  un proceso penal, audiencias y  abogados hasta que el responsable fue condenado.

Sus tres sobrinos fueron adoptados por su familia para evitar que sean enviados  a  una casa hogar. Ahora viven con ellos.

Ante la falta de recursos, dos de sus hermanos se fueron a   trabajar a Chile para conseguir algo más de dinero y  continuar con sus estudios.

El año pasado,  Édgar fue asaltado y sufrió una fractura en la mano.  “Esto sucedió en septiembre del año pasado. Las heridas ya cicatrizaron, pero me dejaron fuertes dolores. Desde hace  tiempo no puedo levantar cosas pesadas. Antes podía trabajar de vendedor, albañil y de  lo que fuera para conseguir dinero. Hoy todo se me hace más difícil”, contó.

Pese a todos los problemas, decidió continuar con sus estudios de derecho en la Universidad  Siglo XX.  En ese tiempo, sin embargo,  su  hermana  recibió el diagnóstico de leucemia.

“Después de sus primeras quimioterapias ella cumplió 15 y nos transfirieron al Hospital de Clínicas. Ya no pudimos regresar. Primero  no quiso más sesiones  porque sufrió mucho y después porque nos quedamos sin recursos. Decidimos regresar a  casa (en Potosí) hasta que decidí llevar adelante esta rifa”, contó.

Édgar hoy   trajina sin pausa por las calles de  La Paz  para vender las rifas. Duerme en los alojamientos más económicos y come poco para evitar gastos y así reunir el dinero para los tratamientos de su hermanita.

//Pagina Siete

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