‘Luchín’, el joven que maneja bicicleta con una pierna, moviliza la solidaridad y ahora tiene moto

Así se transportaba Luchín / Jorge Ibáñez

Luis Ángel Rada Zurita tenía 12 años cuando le diagnosticaron cáncer en la rodilla. Recuerda que a la primera quimioterapia se le cayó todo el pelo y que, a pesar de soportar varias sesiones, la enfermedad seguía avanzando. Cuenta que una sicólogale dijo que tenían que amputarle la pierna izquierda si quería sobrevivir, y él no la pensó dos veces.

No recuerda con pesar la época en la que vivía en el Oncológico junto a su madre viuda ni su recuperación tras la cirugía, dice que a los tres meses aprendió a jugar fútbol y casi el mismo tiempo, a manejar la bicicleta.

Así, montado en su bici, el ‘tiktoker’ cruceño Adrián Vaca lo encontró en pleno paro cívico, lo grabó para sus redes y el video se viralizó, movilizando la solidaridad de la población que quiso reconocer su historia de superación.

El video que cambió su vida

‘Luchín’, como lo llaman de cariño, iba del kilómetro 10 de la carretera al norte, donde trabaja como guardia de seguridad, hasta su domicilio en el kilómetro 20 de la carretera a Camiri. Dice que en cada rotonda, sin que se lo pidan, él se bajaba de la bicicleta y pasaba caminando, apoyado en su muleta.

«Si no me hubiera tocado trabajar, hubiera estado bloqueando», expresa.

Antes del paro, hacía ese trayecto en micro, demorando hasta dos horas y media. Tras la viralización de su imagen no tendrá que hacer más ese viaje, sus jefes lo cambiaron al kilómetro 10 de la doble vía a la Guardia, que le queda mucho más cerca.

Además, también se trasladará en moto, ya que una señora lo contactó para donársela.

«No tengo más palabras para agradecerle a la gente de Santa Cruz que me hizo llegar su ayuda y todavía sigue haciéndolo. Todo es muy bienvenido», señala el joven.

‘Luchín’, el valiente

‘Luchín’ está libre de cáncer y dice que no siente ningún tipo de impedimento. Tras terminar el colegio, estudió unos meses para auxiliar contable, pero su madre no pudo seguir costeando sus estudios, así que se puso a trabajar.

Desde entonces fue ayudante de albañil y guardia de seguridad, aunque en la época de pandemia las cosas se pusieron difíciles. «Pasé mucho tiempo buscando cualquier oficio, pero no encontraba. Mi esposa me decía que tenía que tener paciencia y así fue, hasta que me llamaron de esta empresa, a la que no piensa soltar», indica agradecido.

Con este trabajo, en el que hace turnos de 12 horas, sostiene a su esposa y a su hijo, de casi dos años, con quienes vive en un cuarto en la casa de su madre.

Expresa que trabajará más duro para algún día construir su propia casita, agradece cada oportunidad de la vida y a las personas que aparecieron en su camino.

//El Deber

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