“Casarse con un boliviano” para un trabajo sexual seguro

“Espectacular” es uno de los halagos que el cuerpo de Dayana (nombre cambiado) recibe noche a noche de sus clientes. Ella es extranjera y su país de destino es Chile. Aunque los conflictos sociales y la pandemia extendieron su estadía en Cochabamba, Bolivia por más de tres años.

Dayana decidió salir de su país, Venezuela, a finales de 2018 junto con su prima Silvia con el objetivo de buscar mejores días para sus dos niños de 1 y 3 años; su madre, una adulta mayor sin posibilidad de trabajar; y su esposo, que ya no pudo volver a conseguir un nuevo empleo en su ciudad.

Ambas mujeres no se dedicaban al trabajo sexual en su pais, las dos se iniciaron en este rubro en suelo boliviano.

El plan inicial era permanecer en Bolivia no más de medio año, tiempo en el que debían reunir el suficiente dinero para costear un alojamiento y alimentación al menos por un par de meses para cundo lleguen a Chile. Pero las cosas se complicaron estando en Bolivia, sin fuentes de trabajo y con la dificultad de no poder tramitar sus documentos y permisos de trabajo.

Fue a mitad de 2019 que Dayana empezó a dedicare al trabajo sexual, primero ofreciendo servicios vía Internet, luego lo hizo en un local de la avenida 6 de Agosto, hasta el día de hoy.

Con mucho esfuerzo, logró enviar dinero a su esposo para que el mismo se traslade a Bolivia con sus dos niños. Aunque hoy continúa ejerciendo el trabajo sexual en Cochabamba, dice sentirse agradecida por contar con el soporte emocional de su familia, con quienes aún espera poder llegar a Chile “porque el trabajo nocturno es bien pagado allá”.

“DE PASO”

Cada año, mujeres arriban a suelo boliviano buscando ahorrar dinero para poder solventar un par de meses de alojamiento y alimentación cuando puedan llegar a suelo chileno.

Antes del periodo de pandemia, la mayoría de las trabajadoras sexuales provenían del Brasil y Paraguay. Hoy, muchas de ellas son venezolanas y argentinas.

Una trabajadora sexual en la zona central de Cochabamba.       DICO SOLÍS
Una trabajadora sexual en la zona central de Cochabamba. DICO SOLÍS

Casarse con un boliviano

La ´green card boliviana´ se ha convertido en una salida para que las trabajadoras sexuales extranjeras en territorio nacional puedan tener “ciertas libertades” y se sientan, en cierto grado, más seguridad al no tener que huir constantemente de las autoridades de Migración, sobre todo durante sus horas de labor.

Algunas de estas mujeres recurrieron a esta estrategia ante los elevados costos económicos que tienen los documentos de regularización de estadía de extranjeros en el país.

Algunas de ellas resolvieron casarse con un boliviano para tener ciertas libertades en el país y dejar de sufrir esa persecución de las autoridades, de la Policía”, indica.

Sin embargo, asegura que muchas otras prefieren quedarse en la ilegalidad, ya que recurrir a esta estrategia del matrimonio arreglado muchas veces implica tener que pagar cierto monto al hombre boliviano al que recurran u otras ocasiones ellos piden ser mantenidos.

PRÉSTAMOS Y PELIGRO

Muchas de estas mujeres, lograron relatar algunos de los peligros más críticos por los que atraviesan, entre ellos los grupos criminales que también son internacionales.

“Hay grupos criminales que identifican su necesidad de dinero y las chicas recuren a ellos por préstamos porque les hacen desembolsos rápidos. Pero con el tiempo y los intereses, que a veces son del 25%, ellas no pueden cancelar. Entonces se va generando un mecanismo de interés sobre interés o intereses cascada, hasta que al final llegan al punto de tener que trabajar para la ganancia de ellos”, relatan.

Al verse sometidas a estos peligros varias de ellas se ven obligadas a migrar a otras ciudades dentro del mismo país, huyendo de estas bandas criminales.

//Opinion

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